Los Camélidos Sudamericanos en la Argentina


Los camélidos sudamericanos evolucionaron junto al ecosistema andino y patagónico y, por lo tanto, desarrollaron ciertas características adaptativas que los distinguen de las especies introducidas a partir de la colonización española. Pero además de una íntima asociación con el ambiente natural, estos herbívoros también guardan un fuerte vínculo con los pobladores tradicionales de la región andina porque han estado ligados al mismo surgimiento y auge de las antiguas civilizaciones originarias de la región. En la Argentina se puede criar llamas en muchas zonas del país, en algunas de ellas con algunas condiciones más ventajosas que en el territorio tradicional, pero es en la Puna de Catamarca, Salta y Jujuy, meseta muy elevada de más de 80.000 km2, donde se mantiene el más numeroso rebaño de llamas, práctica que tiene aquí más de tres milenios de tradición.

La cría de llamas es la ganadería más antigua del país y resulta paradójico que, por la ley 4.705, recién en 1993 se la reconozca como tal y tres años más tarde se la incluya por decreto en la Ley de Carne. Es preciso tener en cuenta que el proceso de domesticación de los camélidos sudamericanos se inició hace 6.000 años en los Andes peruanos y, aunque este hecho se dio más tardíamente en lo que es hoy el Territorio Nacional Argentino, se cuenta con claras evidencias arqueológicas de que, ya 3.500 años atrás, existían en el NOA llamas domesticadas (Yacobaccio: 2001).

Los camélidos silvestres, en cambio, han sido utilizados desde hace más de diez milenios y, en la actualidad, se están logrando avances significativos en el uso sustentable y en la esquila en vivo de vicuñas y guanacos para obtener su valiosa fibra. Este aprovechamiento está sujeto a los términos del CITES (Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre).

 

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